2013010. From bits to atoms, mucho más que 4 palabras

Qué tienen en común un array pixelado de madera, un juego de slot inteligente, unas piezas de madera de colores y el nuevo negocio de Amazon? Hace tiempo que le vengo dando vueltas al hecho de que después de 50 años apostando únicamente por lo digital, empieza a decantarse de el péndulo de nuevo hacia lo físico (no-virtual) o mejor dicho hacia la interacción entre los dos entornos, en la línea de lo que trabajan desde hace años en el Center for Bits and Atoms del MIT. Trato de ilustrar mi reflexión con cuatro ejemplos:

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2013002. Moqueta reciclable en el zoológico de Londres. E2P.

fishing netLa empresa INTERFACEFLOR fabrica y vende moquetas, y es conocida por ser una referencia la integración de la sostenibilidad como propuesta de valor desde hacer más de 30 años. Escribí sobre ella y sobre cómo convertir el problema ambiental que generan las moquetas en una oportunidad  en este post. Hoy he descubierto un proyecto interesante que lleva más allá el concepto de integración de la sostenibilidad en la estrategia empresarial,  y como casi siempre (excepto en caso de pataleta) escribo para aprender, para no olvidar y para compartir material didáctico. Planteaba por entonces cuatro alternativas para solventar este problema ambiental: Continua llegint

2010015. ¿Puede una tienda abrir sólo 4h a la semana?

Las personas innovadoras tienen ideas que van en contra de la tendencia general, que no por ser de muchos es necesariamente la más acertada. Estamos acostumbrados a ver cómo los comercios alargan sus horarios de apertura más de 12h al día e incluso en festivos. Pero sabéis que hay otros que sobreviven  abriendo sólo 4h a la semana. Cuál es su secreto?

Veremos cómo innovaciones en el modelo de distribución permiten que una pequeña cooperativa de comida ecológica pueda hacerlo. Idealmente una tienda tiene que estar abierta el máximo tiempo posible para absorber la máxima demanda y amortizar el coste del local.  A nadie se le ocurrirá decir a los clientes que tienen que venir a una hora determinada, porque creen que en este caso el cliente se irá a otro proveedor con más facilidad de compra.

Sin embargo, el cliente puede pensar diferente: por qué tengo que soportar yo el coste de la apertura de la tienda durante 50h a la semana, si sólo la uso 30 minutos? Si realmente nos organizásemos, el dependiente podría trabajar menos horas y yo obtener un coste más bajo, no?

En el caso de una de las cooperativas de consumo ecológico de Sant Cugat la “compra” se realiza los jueves y viernes de 19 a 21h exclusivamente.  Parte del trabajo se realiza de manera asíncrona (en casa se rellena una hoja excel con el pedido y se envía por email), los trabajadores de la cooperativa se abastecen y preparan el pedido y este se pasa a recoger por la tienda en estos dos horarios.

La tienda-almacén se comparte con otras cooperativas de consumo ecológico, y los socios pagan 30€ al mes por el local, los trabajadores/as y el servicio. El consumidor paga el precio de coste de los productos, claramente mucho más económico que el de cualquier otra tienda, siempre que haya un mínimo consumo que compense los 30€ de cuota mensual.

Con 100 socios la cooperativa ingresa 3.000€ al mes, lo que da para pagar un local-almacén y unas cuantas horas de trabajo desvinculado de la atención al público. Cierto es que este servicio no está incluido en el precio, pero el socio de la cooperativa está informado, sabe lo que busca, y sabe quién se lo vende. Periódicamente se realizan asambleas para verificar la “calidad” del sistema y facilitar la relación y la vocación social de la cooperativa.

No es interesante el modelo? Se podría extrapolar a otros sectores? Cuántas horas permanecen algunas tiendas ociosas entre semana o en horas laborables, concentrando el negocio entre las 17 y las 2oh de cada día y especialmente los sábados? No tendría más sentido estudiar alternativas como las que plantea esta cooperativa?

Cuál puede ser realmente el problema? Que el coste de los locales es muy superior al del salario de las personas que trabajan, de manera que lo que realmente hace falta es el ratio de ocupación de local por parte de los compradores, llegando al extremo de prescindir de las personas -como las máquinas de vending- o de pagarles el mínimo posible con lo que el trato con el cliente se resiente. Ya vimos cómo están despareciendo los barberos porque no pueden costearse el local si no es de herencia familiar.

Si consiguiésemos invertir esta tendencia, si lo que tuviera valor fuese las horas de contacto clientes-vendedor, y no clientes/m2 de local, tal vez todo sería diferente.

La imagen es de www.gonaturalorganicfood.com 

2010011. Del Game of Life a las castas de innovación

No sé si alguna vez habéis jugado al “Game of life“, un inocente experimento con mucha teoría sobre autoorganización detrás. Se trata de un juego creado por John Conway, y con el que os podéis pasar horas probando nuevas figuras de condiciones iniciales. Hace tiempo hablé sobre esto en un post escrito a altas horas de la noche.

Las reglas del juego no pueden ser más simples

For a space that is ‘populated’:
Each cell with one or no neighbors dies, as if by loneliness.
Each cell with four or more neighbors dies, as if by overpopulation.
Each cell with two or three neighbors survives.
For a space that is ’empty’ or ‘unpopulated’
Each cell with three neighbors becomes populated.

(Un inciso: si os sobra tiempo, os recomiendo este  libro que leí hace unos años “Complexity: the emerging science at the edge of Order and Chaos” de M. Mitchell Waldrop que me sedujo tanto por el contenido como por el estilo de redacción. Nos describe los inicios del Santa Fe Institute y de la ciencias de los sistemas complejos y la autoorganización, y del Game of Life).

De vuelta. Si jugáis un poco veréis que dependiendo de las condiciones iniciales (las figuras) aparecen modos estacionarios, otros en los que el “alien” creado se mueve, otros en los que crece y explota… y si en alguno de ellos introducís un elemento extraño (podéis hacerlo clicando en uno de los píxels) veréis que el comportamiento es totalmente diferente.

Pues bien, hablando en términos de ecosistemas de innovación. Qué configuración sería la óptima para conseguir que el ecosistema se desarrolle? Por qué la introducción de un nuevo elemento en una configuración determinada de un cluster (por ejemplo una agencia de innovación local o una subvención) hace que una región se vuelva dinámica y en otros casos sea un fracaso total? Qué relación tiene esto con las organizaciones que aprenden? Y con la autoorganización?

En los próximos posts intentaré buscar referencias sobre el tema y reflexionar sobre el mismo. Hay bastante escrito sobre la difusión de las innovaciones, pero lo que a mi me interesa particularmente es por qué cuando un centro de investigación de excelencia se “planta” en una región su efecto sobre la misma es nulo o inapreciable.

Existe alguna manera de  conseguir que la pyme local que en general sigue un modelo de innovación “de perfil bajo” consiga acceder al conocimiento de las mentes brillantes del centro de investigación que genera publicaciones y conocimiento estructurado, codificado y reconocido en los indicadores “oficiales”? Será verdad que simplemente se trata de que hablan lenguajes diferentes tal y como siempre se dice de la relación universidad-empresa? En este caso la figura de un traductor o traductora sería suficiente, pero la realidad es tozuda, y la transferencia de conocimiento entre unos y otros sigue sin funcionar.

No será que en realidad se trata de un problema de castas de innovación? Donde antes primaba el capital y dimensión para clasificar a una organización ahora se considera la calidad de su conocimiento estructurado? Y el conocimiento que atesora el pobre barbero de mi pueblo, cómo se puede codificar y medir?

Complexity: Life at the Edge of Chaos

2010007. De torres de marfil y modos de innovación

No recuerdo si fue vía Twitter  o GReader, pero por fortuna me llegó hace unos días  este interesante artículo de Björn Asheim publicado por la Revista Vasca de Economía EKONOMIAZ. De hecho todo el número dedicado a los Sistemas Regionales de Innovación es interesante y recomendable su lectura. El artículo en cuestión lleva por título La política regional de innovación de la próxima generación: cómo combinar los enfoques del impulso por la ciencia y por el usuario en los sistemas regionales de innovación.

El tema que aborda es el pan nuestro de cada día de los que nos dedicamos a esto de la innovación y el territorio. Cómo combinamos el modo de innovación basado en el conocimiento científico y tecnológico (STI) vinculado a centros de investigación, universidades y grandes empresas con el modo de innovación basado en la demanda y impulsado por el usuario DUI (Doing, Using, Interacting). Este segundo modo se basa en procesos informales de aprendizaje y en la experiencia, es menos organizado y planificado, es más común en la pyme que el primero y ha permitido al barbero de mi pueblo mantener su oficio y empleo durante tres generaciones.

Cuántos municipios y regiones han acogido un centro de investigación y/o tecnológico especializado en el primer modo (STI) con la esperanza de que revitalizase su maltrecha economía? Y cuántos casos conocéis en que el centro no se haya convertido en una torre de marfil sin participación del tejido empresarial y social del entorno?  El artículo que os he mencionado propone diferentes vías para que ambos modos de innovación se encuentren en algún punto dando sentido a un sistema local de innovación.

Interesante también es la distinción que hace -nada nuevo desde Aristóteles, también hay que decirlo- entre tres tipos de conocimiento: el analítico (basado en la ciencia), el sintético (basado en la ingeniería) y el simbólico (basado en el arte) y su relación con el territorio. El primero establece preferiblement redes de cooperación de larga distancia sin afectar al territorio local, mientras que el segundo y tercero tienen un mayor impacto local.

Cuántas veces nos empeñamos en identificar las disciplinas o tecnologías que se desarrollan en un territorio para conformar clusters, cuando lo interesante tal vez sería estudiar el tipo de conocimiento que se desarrolla (también en la educación local) y si éste se acopla a las necesidades del tejido empresarial y del mercado local?

Según comenta el artículo ambos modos de innovación se pueden vincular a los tres tipos de conocimiento. Tal vez si fuésemos capaces de desaprender que existe una innovación de primera división (STI) no apta para pymes y una de segunda división (DUI) que procede de ésta para pasar a organizarnos según los tres tipos de conocimiento conseguiríamos una mayor relación entre estas fantásticas torres de marfil y la pyme local.