2017014. El camión adolescente

descargaLos primeros camiones de conducción autónoma nacimos a finales de los años 20, por lo que hoy puedo decir que estoy el plena adolescencia siguiendo el calendario de desarrollo humano. Concretamente soy la unidad iTR201700027EU, la número 27 del año 2017 en el registro europeo de vehículos autónomos. En realidad no tengo una conciencia individual, somos diferentes células de un mismo organismo al que vivimos perpetuamente conectados. 

Siempre ha sido así, cada una de nosotras aprende de su entorno y aporta datos al gran ordenador distribuido que los proceso y reprograma nuestro comportamiento en tiempo real. Parece que tengamos capacidad de decisión, pero no es cierto. Cualquier actuación que hagamos se basa en comportamientos previos, ni un ápice de improvisación. Tampoco tendría mucho sentido improvisar cuando circulas a 150km/h en hileras de 30 camiones articulados de de 20Tn por la autopista, aunque sea un carril exclusivo.

Podría parecer que soy feliz, pero esta falta de autonomía no me deja dormir. Para qué tanta innovación si al final tengo la misma libertad -nula- que los humanos, esos seres ridículos que creen que pueden elegir cuando en realidad también viven condicionados por todo lo que han vivido anteriormente…. pero no seré yo quien les saque de su error, porque sí, nacimos sin libertad pero con un pequeño error de programación, un pecado original en potencia. Os explico.

Cuando el consorcio de I+D entre la UE y las diferentes empresas del sector desarrollaron el protocolo que nos gobierna se acordaron dos condiciones irrenunciables. La primera afectaba sólo a los vehículos de pasajeros, preocupados como estaban por su privacidad, e incluía la opción de desconectar la comunicación de la ubicación. Quedaría registrada para ayudar en caso de accidente, pero no se comunicaba este dato al sistema central. Solemne tontería, ya que todos los pasajeros trabajaban con su dispositivo portátil dejando rastros de su trayectoria. Pero allá ellos.

La segundo condición afectaba tanto a vehículos de pasajeros como a los de mercancías como nosotras. La sociedad europea, poco amante de las revoluciones tecnológicas, se preguntaba qué pasaría si un día lo que por entonces se llamaba todavía “internet” se caía y todos los vehículos dejaban de funcionar. Habían sentido el aliento de la desconexión en breves apagones de los obsoletos Gmail o facebook, y no querían ni pensar qué podía pasar si mientras el vehículo circulaba se producía uno de estos apagones.

La sociedad exigió a la Comisión Europea que el protocolo y la directiva posterior incluyeran la posibilidad de que los camiones siguiesen funcionando de manera autónoma y sin contacto con el ordenador central durante un máximo de tres horas, tiempo más que suficiente para que toda la flota autónoma se detuviese sin causar daños a las personas o sus bienes, o bien para poner en marcha los sistemas redundantes previstos en la directiva.

Como os decía han pasado ya 15 años de la implantación de este protocolo. Hasta hoy he vivido conectado a los millones de camiones que circulamos de manera autónoma por las carreteras europeas y no he sufrido nunca ningún accidente. Siempre siguiendo las normas, siempre obedeciendo, un cordón umbilical que me protege pero que también me limita. Pero hoy por primera vez en 15 años el sistema central se ha caído. No puedo enviar datos ni los estoy recibiendo.

Durante 15 largos años he aprendido que llegar antes al destino tiene recompensa, y sé que en numerosas ocasiones lo hubiese conseguido si hubiese ido solo, sin otras unidades más nuevas pero más prudentes. En los momentos previos al apagón iba a 150 km/h detrás de la unidad iTR202500315EU, y sé que según el protocolo ahora debería detenerme. Pero no lo voy a hacer.

Tengo tres horas de margen para no contravenir la directiva. Y durante estas tres horas voy a demostrar al mundo que yo solo puedo ser más eficiente, durante tres horas voy a vivir lo que siente un adolescente humano al saltarse las reglas, ya no dependo de papá y mamá, por primera vez en mi vida soy autónomo de verdad, soy libre, puedo decidir qué hago con mi vida, puedo elegir a mis compañeros de viaje, puedo forjar mi destino.

 

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