2016012 ¿Robots no, gracias?

sigmaHace años que el tercer sector impulsa campañas como Roba neta -ropa limpia- para concienciarnos sobre las precarias condiciones de trabajo que permiten la ropa barata de Occidente: salarios que perpetúan la pobreza, contaminación ambiental y propósito de enmienda que nunca llega. Pero tal vez el remedio sea peor que la enfermedad, con la llegada de los sewbots.

Algunos argumentan que el PIB per cápita del planeta aumenta y disminuye la pobreza, y que mejor trabajar mal pero con algún ingreso que no trabajar. Otros esgrimen que ofrecer trabajo es bueno, siempre que las condiciones sean dignas y la conservación del medio ambiente una prioridad. Las empresas han ido aceptando este discurso bajo la presión de campañas impactantes como las de Greenpeace, introduciendo códigos éticos y cláusulas de rescisión de contrato por inclumplimiento para las empresas subcontratadas. Pero todas estas medidas para satisfacer a la opinión pública europea y americana tienen un coste que se refleja en la cuenta de beneficios. Dice el gran empresario

“Lo que hasta hoy me ahorraba en el mantenimiento de edificios, en depuradoras para la química de los tejanos lavados a la piedra y en seguros sociales para cubrir las bajas por enfermedad me empieza a pesar demasiado. Siempre había podido saltar de país en país acumulando ayudas públicas que no devolvía cuando lo dejaba, pero ya me siento acorralado, no quedan países a los que mover mi fábrica. Encima que hago algo por estas pobres desgraciadas que no tenían donde caer muertas, me acusan de explotador”.

La solución, automatizar la producción con robots. Esto es lo que ha explicado Adidas en su plan estratégico para los próximos años, empezando con unos pocos miles pares de zapatillas deportivas. La idea es que tú una mañana puedas diseñar online -como introdujo la empresa Munich hace ya años y hoy ofrecen muchas marcas- tu zapatilla y al día siguiente te llegue a casa vía Amazon Premium o similar. Porque estas fábricas no estarán en Malasia o Tailandia, sino de nuevo en el corazón de la vieja Europa. Re-manufacturing o Re-industrialización, pero sin personas. Ni aquí, ni allá.

Las ONG y las organizaciones que defienden el acceso al trabajo y los derechos de las personas trabajadoras tendrán que cambiar su discurso o posicionarse ante un difícil dilema. La empresaria dirá que si no permiten una legislación laboral y ambiental laxa que le permita competir en costes reemplazará la fábrica por otra automatizada en Europa, donde hay mano de obra cualificada para diseñar, fabricar y gestionar robots y de paso lavo la reputación de mi empresa.

¿Decidirán estas organizaciones apostar de nuevo por una campaña del tipo “Robots, No Gracias”?  ¿Cederán ante las presiones de la industria para mantener los trabajos aunque sean precarios? ¿Exigirán a Europa una compensación por los años de explotación post colonial? En nuestro Occidente la renta básica puede significar una vía de escape, pero en países donde no hay ingresos, ¿tendrán que regresar tal vez al modelo de sostenibilidad local precolonial?

Robots en el campo, en la industria, en los servicios… el tsunami está llegando y pocos son los países que se están poniendo las pilas. 

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