2015039. Competir con un robot por el trabajo: empatía, creatividad y autonomía

RobotsReplace2-650x360Tanto nuestro mercado laboral como nuestro sistema educativo tienen su origen en la revolución industrial. El primer sigue un ritmo de evolución paralelo a la aparición de robots; el segundo se mantiene estático. En esta entrada reflexiono sobre qué habilidades creo que son necesarias para poder competir con estas máquinas por unos puestos de trabajo cada día más escasos.  

¿Cuánto hace que no memorizas un número de teléfono, o que no miras en el mapa una dirección antes de meterte en el  coche? Años. ¿Cuantas personas son necesarias hoy para recoger la basura? Uno y pronto ninguno ¿Cuánto queda para que en las tiendas de ropa un robot haga el inventario cada día? Cero, ya existe. ¿Cuánto para que los taxistas sean reemplazados no ya por UBERónomos sino directamente por coches sin conductor? Cero, ya existe. Los trabajos manuales repetitivos y/0 memorísticos están ya caducos (esta entrada de Enrique Dans al respecto de las oposiciones es muy acertada) y condenados a desaparecer por mucho lobby que haya.

Vemos pues que el mercado laboral está cambiando, hacia la precarización, atomización y escasez. Las máquinas inteligentes -en forma de robot, coche o lavadora- nos reemplazan, y si tienes hijos te interesará enfocar su aprendizaje hacia una profesión que le permita ganarse la vida y que además le apasione. No es fácil, claro, porque en 20 años la cosa habrá cambiado mucho.

Vamos a competir por un puesto de trabajo con un robot o una máquina. ¿Qué sabemos hacer que una máquina todavía no pueda? Sí, es cuestión de tiempo, pero para nuestros hijos tal vez funcione mientras esperamos la renta mínima básica para todas las personas por incapacidad manifiesta de generar empleo suficiente. Propongo cuatro competencias que hoy no están en el currículum y que se deben trabajar en las escuelas complementando a las actuales lectoescritura y el cálculo, todavía válidas.

  • Empatía: sabernos poner en el lugar de otra persona, entender sus emociones, sentimientos, lenguaje verbal, reacciones, y si me apuráis formar parte de un equipo son cosas que un robot al parecer todavía le caen lejos, al menos fuera del laboratorio.
  • Creatividad: se trabaja algo en la escuela pero no se puede enseñar lo que uno no tiene. Los robots hoy pueden ser creativos pero de momento no trabajarán como tales. A mayor creatividad y capacidad para establecer relaciones entre conceptos aparentemente no relacionados, más oportunidades tendremos de ganar un sueldo.
  • Autonomía: la jerarquización industrial nos lleva a cumplir órdenes de un superior (en el organigrama, aunque algunos crean que lo son en algo más…) y nada más fácil para un robot que reemplazarte si sabe lo que hay que hacer. Sin embargo, trabajar con autonomía, capacidad de decisión e improvisación le descoloca.
  • Robótica: puestos a competir, al menos diseñemos los robots antes de que se diseñen ellos (o ellas) mismas. Nuestra capacidad de generar humanos es de uno por año. La suya, infinitamente superior. Y ciegos como somos seguimos dando facilidades con el desarrollo de las primeras maternidades robóticas que incluyen la selección de los mejores de la especie (y eliminación de los menos aptos, empatía cero, selección artificial 100%).

De hecho ninguna de las tres primeras se trabaja a fondo en el sistema educativo actual, salvo algunas excepciones. La escuela activa, a menudo denostada y tildada de hippy en España (y adoptada ya en otros países), potencia de manera significativa estas habilidades y prescinde de los contenidos curriculares caducos. Escuelas que hasta hace poco eran consideradas comunistas y okupas se ven desbordadas por hijos de familias adineradas conscientes del drama -y oportunidad- que se avecina en el mercado laboral. El que se haya formado así creará, empatizará y trabajará con autonomía compitiendo con los robots, si no los crea.

El que no lo consiga, pasará a engrosar la lista de renta mínima asegurada que vivirá esclavo de un robot. Público, eso sí, que le realizará las tareas más pesadas. De la vivienda oficial de bajo coste para pobres al robot oficial de bajo coste para pobres. Y la paradoja es que seguimos por esta senda aunque vemos claramente a donde nos lleva.

Para saber más

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