2014046. Apunte histórico sobre las lógicas organizativas de lavado de ropa.

Honoré DaumierSigo con mi idea de negocio de leasing de lavadoras, una réplica del modelo MudJeans que introduje en esta entrada de hace unos días. De hecho, este es uno de los ejercicios que he sugerido este semestre a los estudiantes del máster de Telecos de la UPC @BarcelonaTech. Antes de adentrarme con ellos en las lógicas de negocio, nos detenemos a reflexionar sobre la evolución histórica de la satisfacción de mi necesidad de lavarme la ropa.

1. Hasta el S. XIX (y mucho más tarde en algunos lugares) la gente lavaba en los ríos o balsas dispuestas a tal efecto que aprovechaban también el agua para regar. Si tenías recursos, contratabas a alguien para que te lavase la ropa, si no, lo hacías tú misma o tu mujer si eras hombre (nunca he visto la imagen de un lavandero de río). Esta descripción de Toño Morala de las lavanderas de los pueblos de León encontrada en la web del museo etnográfico de esta ciudad nos muestra lo duro de la profesión de lavandera. Yo cubro mi necesidad directamente (lavo yo) o pagando a una persona, pero utilizo el recurso sólo cuando necesito el lavado.

2. Hacia mediados del S. XIX empezaron a instalarse lavaderos impulsados por los incipientes gobiernos locales, tanto en pueblos como en ciudades. Este trabajo de la Associació per la defensa cívica del patrimoni cultural documenta la evolución de los lavaderos en Barcelona y parte de su área metropolitana, una verdadera joya de la investigación etnográfíca moderna. Estos lavaderos, contrariamente a lo que podríamos pensar, eran tanto de iniciativa pública como privada en régimen comercial, similares a las lavanderías actuales. Aparecen así emplazamientos dedicados exclusivamente al lavado (de ropa o de verdudas, por ejemplo) y las primeras empresas que concentran recursos en un único lugar. Yo cubro mi necesidad directamente (lavo yo) o pagando a una empresa, no ya a una persona, pero todavía utilizo el recurso sólo cuando necesito el lavado.

3. Con la electricidad y la energía barata accedemos a la lavadora individual, la libertad en estado puro. Hacia 1910 se registra en USA la primera lavadora eléctrica, que se extiende paulatinamente por todo el país hasta los años 40. En Europa su generalización no llegó hasta mediados de los 50 con una guerra mundial por medio. Pasamos del modelo colectivo de lavado (en el río o en lavadero) al modelo individual. Para satisfacer mi necesidad me basto y me sobro yo solo, ni empresas ni personas contratadas. El precio que pago por mi libertad es disponer de una máquina parada el 90% del día transfiriendo este capital ocioso a la empresa que me la vende. Soy rico y me lo puedo permitir.

4. En nuestro país pecamos de un exceso de propiedad privada. Coche de propiedad, casa de propiedad, lavadora de propiedad, y lo que haga falta, con o sin ostentación. Sin embargo en el resto de Europa la propiedad compartida o el acceso a servicio es más común, en nuestro caso el de lavandería. Un local repleto de máquinas donde llegas con tu ropa, la introduces en el tambor, insertas la moneda en la ranura y esperas un buen rato leyendo un libro o haciendo otros encargos. Al finalizar puedes optar por la secadora o simplemente llevarte la ropa lavada para tenderla al sol. Pierdo parte de mi libertad -me tengo que desplazar pero soy consciente de la ineficiencia que supone una lavadora en casa para mi solo, por lo que simplemente utilizo y pago por el servicio. Es un modelo propio de barrios donde la mayor parte de la vivienda es de alquiler y temporal, por lo que la gente no se compra lavadoras.

5. Llegados al final de la época de la energía barata se impone buscar otros modelos basados en la sharing economy. Uno de los ejemplos más interesantes es el francés La Machine du Voisin, donde nos volvemos a encontrar con el negocio basado en plataformas, en este caso de lavadoras particulares. No queremos renunciar a nuestra libertad para lavar cuando queramos como en el modelo de lavadora propia, pero no nos convence tener que salir a la calle o a la lavadora de la comunidad de propietarios para lavar. Existe una opción intermedia que además nos puede reportar algún ingreso extra. Nos organizamos mediante un intermediario que a cambio de una pequeña comisión -en este caso concreto inexistente al parecer- conecta oferta y demanda.

6. Y la última posibilidad, más moderna, tiene en cuenta ya el factor ambiental que hasta ahora no se había introducido en la ecuación. No es solo que amortice mi lavadora, sino que además existen un coste ambiental asociado al producto que no puedo ni quiero despreciar. Llega el Leasing de lavadoras siguiendo el modelo de las fotocopiadoras o de MudJeans que comenté en este post. La tengo en casa, sí, pero en régimen de alquiler. Cuando se me estropea me la cambian, y al final de su vida es la empresa la que tiene que hacerse cargo de la lavadora. Puedo si así lo deseo aplicar el modelo anterior para recuperar parte del coste mensual, o bien tenerla solo para mí. Yo decido. 

No pretendo con esta entrada hacer un estudio exhaustivo de los sistemas de lavado de ropa pero sí reflexionar -y de paso obligar a pensar a mis estudiantes- sobre los diferentes modelos que son recurrentes a lo largo del tiempo. En un eje, grado de aprovechamiento del activo -sea lavandera o lavadora- y en otro la libertad de disponibilidad del servicio, y el coste asociado a cada una de las opciones. El escenario más caro, propio de una sociedad despilfarradora, disponer de una lavadora de compra en casa (por no hablar de la secadora). El escenarioal que nos ha llevado la evolución tecnológica sometida a las restricciones sociales y ambientales, una lavadora en leasing compartida mediante una plataforma.

 Para saber +

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