2014040. Sostenibilidad, transparencia e innovación. C2Cmarketplace

En 2009 escribí el post “Quiero un Ecoveritas de ropa y calzado” en el que venía a decir que no encontraba ropa y calzado de confección local que no explotase ni el medio ambiente ni a las personas durante su producción. En este post reciente hablaba de Cotoroig, una joven empresa que cree en la trazabilidad del algodón de producción local como fórmula para conseguir estos objetivos ambientales y sociales. También encontramos a empresas como Hilaturas Olotenses que desde 1947 (hoy con una facturación sostenida de 5m€ y 25 empleados) recicla algodón conferiéndole propiedades específicas para cada cliente. La primera se centra en la producción, la segunda en el reciclado. Todo ello muy loable, pero tal vez no sea ya suficiente con estas (y muchas otras por Catalunya) iniciativas parciales, y hay que ser más holístico y disruptivo.

Cradle to Cradle y su Marketplace

Desde el 2009 el panorama ha cambiado radicalmente a mejor gracias a iniciativas como el diseño Cradle to Cradle y la certificación asociada al mismo promovidas por William McDonough. Esta propuesta ha sido recogida y amplificada por Ellen McArthur y su fundación de economía circular, bajo el auspicio de grandes empresas y consultoras que ya lo ponen en práctica.

Cradle to cradle scorecardA diferencia de lo que hacen las dos empresas mencionadas, este modelo apuesta a la vez por los cinco valores recogidos en el esquema: que el material no afecte a la salud, que se reutilice de manera simple una vez gastado, que utilice energía no fósil en su fabricación, que minimice el consumo de agua, y que genere un impacto social positivo. Casi nada.  La certificación en sí ya es interesante como modelo de diferenciación, algo parecido a lo que consiguieron los integradores de la automoción exigiendo la ISO9000 a sus proveedores locales. Estos, se adaptaron, o cerraron.

De hecho todo podría haberse quedado en una mera declaración de intenciones, pero la iniciativa C2C viene acompañada por una herramienta muy potente, el C2C Marketplace, una plataforma que sólo admite a empresas certificadas. Este portal fue impulsado por Paul Capel motivado por lo mismo que me llevó a a mi a escribir el post sobre Veritas. La diferencia es que él era emprendedor y creó el portal, mientras que yo me limité a quejarme en un post. De su web extraigo este texto:

When Paul Capel wanted to buy some new towels for his home he couldn’t find any products that met his high environmental and ethical standards. Inspired by cradle to cradle pioneers Michael Braungart and William McDonough, and by the work of the Ellen MacArthur Foundation on the circular economy, Capel was looking for goods that would be good for both people and the planet.

“I knew there were companies out there making good stuff but I was frustrated that there wasn’t an easy way to buy these things,” he said. He and business partner Brendon Rowen decided to set up an online store to sell goods that support the circular economy. The result is Cradle to Cradle Marketplace, which sells only Cradle to Cradle (C2C) certified products – that is, products that have been designed with their entire lifecycle in mind.

Empresas certificadas y la sostenibilidad como factor higiénico

Volviendo al sector textil, encontramos en C2C Marketplace dos empresas. Una es Jules Clarysse, una gran empresa que produce diariamente más de 100.000 toallas, y que vende sobre los 40m€ anuales. En este vídeo explican qué hacen…

La otra es Trigema, una empresa alemana del textil que produce en Alemania y vende ropa a todo el mundo. Fue fundada en 1919, y hoy da trabajo a 1200 personas. En 2006 introdujo la primera T-Shirt biodegradable siguiendo los patrones de Cradle to Cradle. ¿Cuánto tardarán CotóRoig, Hilosa, o Zara en adoptar este ciclo y aprovechar el C2C Marketplace? Como dice @XavierFerras, la calidad es hoy día un factor higiénico, no aporta competitividad. En pocos años ser sostenible “a medias” tampoco supondrá un valor añadido. O todo, o nada.

Y para acabar. A menudo comento a empresarios y empresarias que abran sus fábricas, que programen visitas entre semana e incluso en fin de semana,  y que muestren su apuesta por la transparencia, por nuestros hijos y por el medio ambiente como hacen hoy La Fageda o L’Olivera. Algunos se ríen, o no lo quieren entiender o tienen mucho que esconder. Pero también se reían los ricos amos de la industria papelera hasta los años 80 en que la presión social llevó a la UE a dictar estrictas normativas ambientales que acabarían con muchas de ellas, con sus olores y sus vertidos.

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