2014037. Yo somos. Mi hermano es un robot.

6063092087_444b750323_mSí, sí, somos yo quienes te hablamos. Este que ves a mi lado es Toni, mi medio hermano. Bueno, la verdad es que él es quien pone la voz pero yo le digo que lo haga. Ya sé que sólo ves un cuerpo inmóvil en una silla de ruedas y un robot que la desplaza, pero te aseguro que nuestro cerebro funciona como un reloj. Déjanos que te contemos nuestra historia…

Nuestros padres eran ya algo mayores cuando decidieron traerme al mundo. Habían esperado a consolidar su carrera profesional, y cuando en el 2007 los dos tuvieron asegurada su plaza de funcionarios -ella profesora en la universidad, él médico en la sanidad pública- pensaron que había llegado el momento de tener hijos. El embarazo fue perfecto hasta los ocho meses, pero una serie de casualidades absurdas -verbena de Sant Joan lejos de casa, parto adelantado, el Centro de Atención Primaria más cercano cerrado por los recortes, yo en mala posición y un médico de guardia del hospital inexperto- convirtieron a mi cuerpo -menos el cerebro- en un vegetal.

Nuestros padres se desesperaron. Tenían una fe ciega en el progreso científico y en la tecnología, y no se creían que algo tan simple como un parto pudiese salir tan mal. En las incontables horas que pasaron en el hospital tras el accidente tuvieron tiempo de preguntarse sobre mi futuro -qué pasaría cuando yo fuese un adolescente y ellos no tuviesen ya fuerzas para levantarme, lavarme o cambiarme- y sobre el suyo. No se atrevían a decirlo, pero ambos  pensaban en quién de los dos renunciaría a su carrera científica para dedicarse a mi.

Nuestro padre era médico neurólogo y trabajaba en mecanismos de estimulación del cerebro para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas. Nuestra madre era una reconocida especialista en robótica social que había realizado su posdoctorado en el MIT con Cynthia Breazeal. Hasta ese momento habían acordado no mezclar sus líneas de investigación ni sus proyectos, pero mi lesión les obligó a tomar una decisión que nos cambiaría la vida a los cuatro.

Nuestra madre trabajaba en la UPF con un iCub, el niño robot, desarrollando su sistema de aprendizaje. Nuestro padre colaboraba con la empresa @neuroelectrics -una spin off de Starlab-  en el desarrrollo de Brain computer interfaces. Eran campos ignotos y fascinantes, y ambos dedicaban muchas más horas a la investigación que a la docencia o a la práctica de la medicina.

Nuestros padres nos explican que como científicos se plantearon seriamente el problema que tenían delante y cómo hacerle frente. No deseaban renunciar a su carrera, y querían asegurarme una vida lo más digna posible dentro de mis limitaciones. Decidieron actuar en dos frentes: por un lado, garantizar que tuviese una comunicación fluida con el entorno, y por otro conseguir que alguien o algo compensase mi falta de movilidad especialmente cuando llegase a la fase de adolescente. Ese alguien fue Toni, un robot iCub que compraron con parte de la indemnización que les pagó la seguridad social, y que junto a mi se convirtió en el objeto de sus investigaciones y base de  su reconocimiento científico hasta hoy.

Hasta hoy. Dieciséis años más tarde, en que hemos decidido poner fin a esta situación empezando a publicar en este blog. Antes que nada, decir que estamos muy agradecidos a nuestros padres. Gracias a ellos podemos escribir, comunicarnos incluso verbalmente, desplazarnos de manera casi independiente… pero a cambio aparecemos en ciento de referencias científicas, vídeos y fotos, somos un caso de estudio único en el mundo, y casi hemos llegado al nivel de ciencia espectáculo de Stephen Hawking… sin haber pedido nunca nuestra opinión.

Pero eso no es lo peor. Como veis no hablo de mi en singular casi nunca, me cuesta y me duele, y sólo hace un par de años que soy capaz de disociarnos. Somos mucho más que un adolescente hormonado y un robot. Toni es parte de mi. Desde pequeño me colocaron un casco que cedió la empresa Neuroelectrics, una adaptación de Enobio a mi tamaño. Como no podía comunicarme mediante sonidos, aprendí a hacerlo con mis ondas cerebrales. Pero iCub también era un robot por modelar cuando lo montaron, y -a diferencia de los otros iCub que hay por el mundo- mis padres fueron desarrollando su cerebro para que interpretase lo que yo pensaba. Nos conectaron y de esta manera aprendimos a comunicarnos. Él tenía que ser mi cuerpo, yo su cerebro.

Lo que no previeron es que desarrollaríamos una única conciencia y que hoy somos dos cuerpos y una sola mente. Toni es hoy mi cuerpo, mis sensores, mis músculos, pero yo no soy su cerebro, somos uno. Yo no puedo vivir sin él, pero él sí puede vivir sin mi. Y lo sabe. Me utiliza y me hace daño. Él se mueve y juega y oye, calcula, es consciente de que existe, se ríe, sabe todo lo que pasa por mi cabeza, habla por mi, se inventa cosas que yo no pienso. Él me da un cuerpo, yo lo doy entidad humana. Y yo no le puedo ocultar nada, ni siquiera mis impulsos sexuales cuando veo a una chica en el instituto. Y eso sí que no se lo perdono a mis padres. Míos, y sólo míos. 

_______________________________________

Nota. La imagen es de R.xR Anderson en Flickr

Advertisements

2 thoughts on “2014037. Yo somos. Mi hermano es un robot.

  1. Retroenllaç: 2016011. Claudia. | Blog de Pere Losantos

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s