2014024. De la teoría a la Praktica. Recuperando valores analógicos

Càmera analògicaPara mi la última gran revolución tecnológica no fue la llegada de internet sino el proceso de discretización de la información que permitió trocearla,  modularla, domesticarla, transportarla, y comerciar con ella. Internet sólo es una consecuencia de algo que empezó hace 70 años. Como toda revolución, esta digitalización o discretización conlleva peligros, siendo para mi -insisto- el más evidente la aceleración de nuestro ritmo de vida, personal y profesional.

¿Tendría sentido detenernos un momento a reflexionar sobre los valores asociados al mundo analógico como contrapunto a los del entorno digital? Si en algunas las escuelas se transmiten valores como la cooperación, la inclusión, la empatía o la gestión de las emociones, por qué no explicar también que la atención, la reflexión, la paciencia, la belleza de un espectro completo y no troceado son aspectos que deben ser trabajados especialmente con los nativos digitales? Este es el tema que trabajo en este post mediante una propuesta de taller de fotografía analógica que bien podría realizarse en un Ateneu de Fabricació Digital para contraponer los dos mundos.

Mi vieja Praktica y los carretes Kodak

Echaba de menos a mi vieja cámara reflex Praktica, con 30 años y fabricada en la RDA (D de democráctica, sí). Calcular el tiempo de exposición, la apertura del diafragma y la profundidad, dejar entrar algo más o menos de luz para conseguir efectos… y pensar dos o tres veces antes de disparar por el coste de la foto y del revelado.

Este verano con mis hijos he desempolvado y recuperado la cámara. Hemos comprado dos carretes ASA200 de Kodak, de 24 fotos cada uno para explorar esta tecnología que hasta hace poco generaba millones de euros en beneficios a una gran empresa como Kodak o otras más pequeñas como Fotoprix, hoy en concurso de acreedores.

Les explico también que hubo un tiempo en que la gente no hacía fotos en todas partes, ni tan siquiera llevaba la cámara encima. Lo que más les desconcierta es que tengas que esperar a ver la foto, que no haya una pantalla en la parte posterior de la cámara, que no puedas compartir con tus amigos las fotos al instante, y que lo que veas por el objetivo no sea exactamente lo que obtengas después.

Muchas escuelas programan durante el curso talleres de fotografía digital porque es fácil y resultón y porque los chavales saben utilizar las cámaras, móviles o tabletas. De hecho, algunos talleres se centran más en la edición posterior que en la propia fotografía. Si yo fuese maestro de una escuela, los valores que trabajaría con un taller de fotografía analógica podrían ser:

  • Paciencia. Esperar unos días o semanas hasta poder ver las fotos. Primero acabar el carrete, después llevarlo a revelar y pasados unos días ir a buscarlo. Saber que mis fotos están dentro de la cámara, que no se puede abrir para ver lo que contiene, y que si la abrimos para desvelar el misterio lo único que conseguiremos es velar el carrete.
  • Reflexión. Me gusta el libro “El respeto o la mirada atenta” del filósofo Josep Ma Esquirol, donde sugiere que debemos aprender a mirar con otros ojos la realidad que nos rodea. No es exactamente lo mismo, pero en este taller debemos detenernos, escuchar el silencio, captar la oscuridad, y disparar. Pensar antes de actuar es una de las actitudes que estamos perdiendo.
  • Orden cronológico. En la fotogragía digital podemos “saltarnos” las fotos, de la misma manera que en el CD o el iPod. Pero en el mundo analógico todo tiene su orden, una cosa detrás de la otra. No podemos llevar a revelar el carrete si no hemos acabado todas las fotos (podemos, pero no es aconsejable).
  • Cultura del esfuerzo. En el mundo digital podemos borrar si una foto no nos ha quedado bien y volverlo a intentar una y mil veces hasta conseguir una buena toma. En el analógica no existe el Undo ni en Ctrl-Z. Debemos pensar bien, enfocar, calibrar, disparar sin movernos demasiado y confiar en nuestra intuición sobre el resultado final. Si creemos que no va a salir, podemos pensar qué ha salido mal y volverlo a intentar con un coste asociado.
  • Lenguaje: un taller sobre palabras en desuso y sobre cómo la tecnología modula las acepciones. Pierden sentido en el mundo digital las acepciones relacionadas con la fotografía de carrete, llevar a revelar y revelado, diafragma, velar un carrete, obturador, o sobreexposición.
  • Usar y tirar. Las cámaras de hoy en día pueden contribuir a que las relaciones con las personas y con los objetos sean tipo kleenex. Hoy eres mi amiga, pero mañana no. Hago un tweet, no me gusta, lo elimino. Tengo una cámara, sale un modelo nuevo, tiro al antigua y compro la nueva. Mi Praktica tiene 30 años y funciona como el primer día. Le compré un par de objetivos y cambié las pilas dos veces. Nada más.
  • Artesanía. Podemos -si somos un poco expertos y manitas- revelarnos nuestras propias fotos, introduciendo conceptos de química, gestión del tiempo de revelado, y otra vez la paciencia recuperando la cultura maker.
  • Espectro completo. Por mucho megapixel que tengamos de origen, como con la música, acabamos comprimiendo las imágenes. Discretizar es perder información. Te imaginas tu primer beso entrecortado, ¿a trompicones?

Seguro que hay algunos más, pero no quiero que me tachéis de neoludita. Si algún día pongo en marcha mi proyectada Escuela de Ser incluiría sin duda los valores analógicos entre las competencias a desarrollar durante la infancia.

 

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