2014005. Tres líneas de investigación en robótica – Hablar por hablar

Foto Perseverància LosantosEn estos últimos días de invierno le estoy dando vueltas a una línea de investigación en robótica. Es sin duda hablar por hablar porque nadie en su sano juicio recuperaría su carrera investigadora 15 años después de abandonarla y porque el sistema no valora que tengas 15 años de experiencia profesional ajena a la investigación. Pero llega una edad en la vida (me quedan 40 años según la esperanza de vida del hombre mediterráneo medio) en que vale la pena plantearse estos temas.

Sitúo la investigación en un triángulo que tiene tres vértices: la tecnología, en particular los robots; el aprendizaje propio y de los otros; y el componente humano o social o si queréis, el recorrido entre la empatía y la compasión (una recomendación, este libro de Josep Ma Esquirol, El respeto o la mirada atenta).

Los vértices del triángulo

En un primer vértice sitúo a mi interés por los robots y por Asimov desde adolescente. No hablo de cualquier robot, sino de aquellos que son capaces de aprender por sí mismos como @icub y su increíble proceso de aprendizaje. Los entes programables -lo que cursé en la universidad bajo el título de “automática”- no dejaban de ser un sucedáneo, un autómata sin capacidad de decisión propia. Durante un tiempo me interesé por las redes neuronales y la inteligencia artificial, pero su relación con el entorno dejaba mucho que desear, demasiado orientada a la simulación me parecía por aquel entonces.

En el segundo vértice contemplo el aprendizaje, ya sea el propio (lo confieso, necesito aprender de manera continua) o el de animales, personas o máquinas. Este blog forma parte de este proceso junto a las clases que imparto desde hace años y el camino que inicio en el ámbito de la fabricación digital y el emprendimiento. Este vértice incluye también los trastornos de aprendizaje como el síndrome de Asperger, el espectro autista o las diferentes capacidades de las personas, por encima y por debajo de lo que consideramos la norma.

Finalmente en el tercer vértice  del triángulo aparece la compasión como motivación por los proyectos en los que me implico más allá de lo profesional. Reconozco que a algunas personas les gustaría más leer vocablos como igualdad, equidad o justicia social, menos caritativos y más transformadores sin duda, pero a estas edades me conozco ya y lo que me mueve no es la revolución sino la compasión. Cada uno es como es.

Dentro del triángulo, la investigación

Desde estos vértices y según la época y la fuerza con que estira cada uno me he centrado en proyectos diferentes, aunque todos ellos me han proporcionado satisfacciones emocionales, intelectuales o personales. Llegados al punto de decidir retomar mi carrera investigadora me planteo qué línea debería seguir teniendo en cuenta mis posibilidades, restricciones y capacidades.

Una primera línea de trabajo sería la que detallé en este post hace unos meses y que básicamente consiste en convertirme en psicólogo -tal vez mejor etólogo o psicopedagogo- de robots. Consideraba que los robots realmente útiles a medio plazo serán los que tengan capacidad de aprendizaje, y que este proceso inicialmente realizado en fábrica tendrá lugar más adelante a lo largo de toda la vida de la máquina. Esto comportará desajustes y calibraciones necesarias fruto del propio aprendizaje autónomo, y alguien tendrá que hacerlas. Más que una línea de investigación se trata de una profesión para la que no existen hoy en día ni estudios ni demanda real. ¿Qué patologías desarrollarán los robots que hoy ni siquiera imaginamos? ¿Pueden desarrollar comportamientos violentos, o tal vez dificultad en la percepción de las emociones de otros robots o personas de manera similar a lo que sucede con el síndrome de Asperger?  

Una segunda línea de trabajo sería el trabajo con robots no como sujeto de estudio sino como objeto para mejorar la vida de personas con trastornos de aprendizaje (TEA o Asperger). ¿Puede un robot ayudar a diagnosticar autismo? Estas dos (RENE y KASPER) apariciones en la prensa mundial de hace unas semanas así lo afirmaban. Equipos multidisciplinarios de psicólogos, ingenieras, médicos, asistentes, pedagogas, programadores, robotistas son necesarios para desarrollar estos proyectos de gran calado. Lo mismo serviría para la investigación con personas de edad avanzada o con enfermedades neurodegenerativas. No me interesa tanto la movilidad mediante exoesqueletos por ejemplo porque caen fuera del triángulo de robots que aprenden por sí mismos y pueden presentar problemas de aprendizaje.

Una tercera y última línea para no aburrir al personal sería utilizar de nuevos a los robots -mejor open source- para aprender mejor cómo funciona nuestra mente y la suya. Por ejemplo, y vinculado a mi querido arduino, esta asignatura de la Universidad de New York donde un robot es preprogramado por el instructor y los alumnos deben deducir qué rutinas están detrás de sus acciones, algo parecido a lo que hace nuestra mente cuando intentamos interpretar qué y por qué nuestro entorno actúa de una manera determinada y no otra.

A modo de conclusión

Mientras camino por los alrededores de Montserrat salpicados de almendros ya sin flores y cerezos de floración incipiente, mil preguntas me pasan por la cabeza. Me cuestiono si en el proceso de evolución cognitiva de @icub aparece de manera espontánea la lateralidad; me interesa saber a partir de qué edad aparece capacidad de socialización y el juego cooperativo, el despertar de la conciencia del propio yo, la voluntad de aprendizaje por si mismo, la creatividad, el razonamiento abstracto, y si me apuráis, la competencia emprendedora hoy tan de moda 🙂

En en fondo nuestra mente no es más -ni menos- que un conjunto de conexiones que evolucionan a partir de conexiones anteriores y de estímulos externos, y a diferencia de las redes neuronales iniciales que no incluían interacción con el entorno, plataformas open source como icub permiten establecer paralelismos evolutivos entre humanos y robots, e incluso validar terapias y ejercicios relacionados con la mente entre ambas especies.

Lo dicho, hablar por hablar.

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