2013006. Democracia participativa: de Teresa Forcades a la explosión del Cámbrico.

Teresa forcadesMe confieso un enamorado de las redes y las ciencias de la complejidad.  A lo largo de mi vida profesional he coincidido con personas que me han enseñado mucho: la organización red con Joan Torrent; la democracia participativa con @ictlogist; las redes de sensores inalámbricos, con la gente de Dexma… y ahora con los cursos abiertos de Santa Fe Institute, genial!!! Nunca llego a profundizar pero voy aprendiendo. Me hubiese gustado trabajar con Ricard V Solé  en la UPF, pero los hados no me fueron propicios. ¿Tienen algo que ver estos modelos con la política?

Creo que todas las personas tenemos rasgos de comportamiento cooperativo-compasivo y  rasgos de competitivo-cruel. El primero se corresponde con afinidad por estructuras de poder distribuido y bien común, y el segundo con poder concentrado y a menudo codicia económica o política, que no ambición. Ambos aspectos deben convivir en una especie y autoregularse en un equilibrio inestable. Algo similar a lo que sucede en las ciencias de la complejidad, donde las estructuras rígidas y jerárquicas del poder concentrado no sobreviven, pero también lo hacen las estructuras demasiado caóticas y desorganizadas relacionadas con movimientos asamblearios. The Edge of Chaos, nos muestra ese punto cercano de equilibrio inestable que mediante los mecanismos de control adecuados permite la dinámica de las sociedades y de los sistemas complejos adaptativos.

Este mecanismo de control lo juegan en nuestra sociedad el sistema jurídico o las revoluciones. Cuando el poderoso -egoísta de forma general- crece demasiado a costa del bienestar del conjunto, las personas oprimidas explosionan cual período cámbrico y se llevan por delante al opresor (en masculino). En entornos más civilizados, las leyes votadas por todas las personas, no sólo por los poderosos, actúan también como mecanismo control mediante la realimentación negativa a largo plazo. Claro está, siempre que el sistema judicial sea neutral.

Debería ser este un modelo válido, pero en realidad no funciona. La connivencia del poder político con el poder financiero y  la renuncia a servir al bien común por parte de la clase política nos ha llevado a una situación de indefensión total, como denuncia Teresa Forcades en esta bien trabada charla en Canarias. En términos físicos, la situación actual nos está alejando demasiado  del equilibrio inestable necesario porque los mecanismos de control no son los adecuados.

Una de las razones por las que creo que esto sucede es que los políticos -que aprueban las leyes como mecanismo de control– representan al poder y no al pueblo que los ha elegido. No sé tú, pero hoy por hoy me siento yo más cerca de un aborigen australiano que de Mariano y su pinterest. Y lo mismo con los del otro lado del arco parlamentario. Para que este mecanismo de control opere correctamente necesitamos por un lado acceso  a toda la información posible y por otro una comunidad que dictamine sobre la idoneidad de las actuaciones propuestas basándose en la información y en el criterio de miles de personas, prescindiendo de una clase política vendida al poder financiero.

El acceso a la información lo vamos mejorando con políticas de datos abiertos y con los medios de comunicación no subvencionados que permiten que nos enteremos de las diferentes corrientes de opinión sin censura ni propaganda. El voto continuo (como en su día fue la educación continua) es algo más complejo. Como bien ilustra Ismael Peña, están emergiendo numerosas iniciativas ciudadanas orientadas a la democracia directa. El Partido X, descrito por Manuel Castells en esta entrada de LV, es una de ellas. La idea es que no votemos cada cuatro años y sobre programas que después no se cumplen, sino que cada decisión relevante -¿quién marca el umbral?- se pueda tomar de manera consensuada, si es necesario cada mes o cada día. Muerte al rodillo parlamentario!

Como sucede en el caso del autoconsumo energético frente al abuso de los monopolios y los ministros del ramo, la tecnología que permita la democracia participativa está disponible desde hace años. Sin embargo, la casta del poder centralizado que se autorregula las prebendas y el sueldo se han instalado en la política con incursiones en el sector financiero y energético, urdiendo un entramado de sobres y puertas giratorias que parece difícil de derribar.

Pero no está todo perdido. Esta red que parece irrompible es frágil porque concentra mucho poder en pocas manos, y con las técnicas adecuadas, eliminando nodos superfluos identificando los puntos críticos se pueden desestabilizar. Lo hicieron con la industria musical y las discográficas. Lo hicieron con Luis XVI y el sistema feudal. Lo hicieron con la imprenta y los monasterios. Por qué no lo vamos a conseguir ahora?

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