2009044. Visión rural de las aglomeraciones de conocimiento


Durante veinte años viví en la ciudad de Tarragona. Agua salada en el grifo (sí, sí, de verdad), petroquímica, cuatro nucleares y sus correspondientes planes de inversión local para callar bocas, playas atiborradas… y el encanto decadente de Tarraco.

Recuerdo que uno de los comentarios recurrentes especialmente de los residentes en las comarcas al sur de la provincia era que los de Barcelona dejaban la mierda para ellos y se llevaban la energía y el dinero, con un cierto espíritu colonialista.

Cuando voy de excursión por parajes del prepirineo como La Garrotxa y el Berguedà o el Lluçanès (comarca natural sin administración, algo así como una nación con lengua e identidad pero sin estado) no puedo dejar de hacer la siguiente comparación.

En estas comarcas se vive bien en general. Los índices de paro no son demasiado elevados, hay poco tráfico entre semana con carreteras sobredimensionadas para los fines de semana, la vida es más asequible y el nivel de los servicios básicos realmente necesarios (no incluyo en este concepto el cine ni las tiendas de ropa) es similar, incluso mejor en algunos aspectos como las colas de los CAP (centros de asistencia primaria) o las escuelas rurales (atención casi individualizada).

Cuando piendo en la Gran Barcelona, con sus 4,5Mhab, sus atascos, sus ruidos, su estrés, las colas en las rondas, la suciedad en las calles, los parques infantiles artificiales, las viviendas colmena impagables, las escuelas públicas no elegibles… no puedo dejar de pensar que los de las comarcas “rurales” deben equiparar estos “centros de conocimiento masificados” a las centrales nucleares y la petroquímica de Tarragona.

Deben pensar: “pobre gente, les llenan la ciudad de mierda para que yo pueda vivir aquí tan ricamente, y encima no se quejan. Están contentos con el modelo que les ha tocado vivir y suben los fines de semana para dejarnos el dinero que ganan. Cada ciudadano con conocimiento es un átomo de la nuclear, que pasado el período de explotación del uranio pasa a engrosar las filas de material destinado al cementerio nuclear.”

“Barcelona, la millor botiga del món”, reza la publicidad institucional. No se les pasa por la cabeza que tal vez queremos que Barcelona sea algo más que un escaparate de Vinçon?

La imagen pertenece a Vandellòs II y es del diario público.

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