2009041. Si no generas, no consumes

Can SalavaiEstos breves días de vacaciones nos permiten distanciarnos del ajetreo diario y reflexionar sobre temas a los que no solemos prestar atención. Mis vacaciones me han llevado a una casa rural en La Garrotxa y a la villa marinera de l’Escala, en el Alt Empordà.

En el primer destino tuve la oportunidad de conocer a Teresa i Lluís, los “masovers” (las personas que se alojan, cuidan y trabajan la masía a cambio de ceder parte de los beneficions a los propietarios, los “amos”) de Can Salavia. Una pareja encantadora que llevaba más de 50 años ejerciendo de masovers, tal como antes lo habían hecho sus padres y abuelos. Cómo a sus 73 años siguen trabajando la tierra y aprovechando todo lo que da de sí, siendo plenamente conscientes de que viven de ella y para ella.

En el segundo destino me sobrecogió -como cada año- presenciar el derroche típico de “nuevo rico energético” asociado a la utilización de las motos de agua, un consumo de combustible totalmente innecesario más allá de la pura diversión, por no hablar de la contarminación acústica que generan. Cuando dentro de 50 años se visualicen las películas de estos veraneos se considerará que este comportamiento es similar al de aquel que quema papel moneda por el puro placer de ver como arde.

Cuándo seremos conscientes de la necesidad de hacer un uso racional de la energía y de los recursos naturales, más allá de las implicaciones del cambio climático? Me temo que lo brotes verdes de la economía llegan con antelación, y pronto olvidaremos las buenas promesas del cambio de modelo. Tal vez el problema es que hemos separado demasiado la generación de energía y recursos de su consumo. Desde los pollos y tomates de plástico del supermercado hasta las piscinas privadas, somos conscientes de lo que consumimos pero no de lo que ha costado generarlas. Un simple clic es suficiente.

En una masía como Can Salavia los pollos y los pepinos se ven crecer y se comen si todo va bien; se puede regar si el riachuelo ha llenado el depósito; y se puede encender la luz si la placa solar ha cargado la batería. Por qué no podemos trasladar al ámbito urbano este estilo frugal de consumo de recursos, que no de vida? Por qué no imponer que cada persona aporte tanta energía (no fósil) como la que consume? Hasta ahora todo es muy simple: tanto gastas, tanto pagas. Pero si tuviésemos que generar la que consumimos nos pensaríamos mejor antes de quemar combustible fósil en una moto de agua ruidosa.  Las reflexiones de Rifkin sobre la generación y consumo de energía distribuido permitirían este cambio de modelo acercando los dos extremos de la cadena.

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